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Taller CAF para la FARD


Gracias a mi compañera Marisol Acevedo por todo lo que me ha enseñado.

Hoy tuvimos la oportunidad de impartir en conjunto un taller CAF para la Fuerza Área de República Dominicana, atendiendo su solicitud a la Dirección de Evaluación de la Gestión Institucional (DEGI) que representamos en el Ministerio de Administración Pública (MAP).

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El que paga, manda


Como periodista, se asume que uno tiene el derecho y el deber de informar correctamente, con total apego a la verdad y al bienestar común que ésta supone en la sociedad. Generalmente es así, si te toca la fortuna de trabajar en medios que se respeten. ¿Pero qué pasaría si no te toca la suerte? Tendrías que elegir entre tu empleo o tu paz mental. Ahí, como individuo con facturas que pagar en casa y tal vez hasta con familia dependiendo de tu miserable salario que ganas exponiéndote a innombrables peligros por tu vocación, la posibilidad de perder tu empleo por ”moralista” no entraría en discusión si llevar leche a la casa fuese una necesidad fundamental.

Puede ser paranoia, pero la simple idea de no poder defender lo que pensara me aterrorizó tanto que no esperé a que se siguieran desarrollando los blogs y periódicos digitales, así como otros pequeños medios independientes que hoy funcionan para muchos colegas como medio de trabajo fijo y sustento de su familia. Ése era uno de mis mayores temores: que algún jefe me hiciera escribir o firmar alguna publicación en la que no creyera, en la me sintiera un títere, en la que me sintiera desmoralizada.

Estaba cada día más claro: para que mi respeto por el periodismo se perpetuara hasta el último de mis días, tenía que buscar otra fuente de ingresos de los cuáles subsistir; para que la libertad de expresar mis palabras no se perdiera por la coerción de las más básicas necesidades.

”Una vez periodista, siempre periodista” recuerdo que me dijo un colega hace años cuando justificaba mi decisión de matricularme en la carrera de Administración de Empresas en la universidad, en vez de la licenciatura en Comunicación (el paso lógico, decían, tras dos años de estudios técnicos y estar laborando en un periódico de circulación nacional a mis tiernos 18).

Hoy recuerdo con honda desolación ese día, no por arrepentirme, pues no lo hago, sino por mi ingenuidad al pensar que un cambio de campo profesional sería suficiente para seguir respetándome, cuidando celosamente la calidad de mi trabajo, invirtiendo recursos que me permitieran asegurar la pulcritud del servicio brindado.

”Porque el jefe es el que paga”, ”porque lo dijo el jefe”, ”así lo mandaron a poner de arriba” son algunas de las frases que más rechinan en mi cabeza ante una irracionalidad obligada. Encuentro estas ”justificaciones” indignantes para explicar la mediocridad en la que algunos empleados nos vemos involucrados por ”órdenes del jefe”.

Sucede en todos los ámbitos: públicos y privados; en la violencia económica a la que es sometida la esposa que se queda en casa a cuidar de la familia; en los favores políticos desde el Estado a quienes financiaron la campaña; en los gerentes inseguros que coartan el talento de sus subordinados por miedo a que se destaquen por una perspectiva diferente a la que conocen; con los jefes que no se permiten la apertura a la participación de los demás por miedo a que se desvele algún error, porque estos jefes no pueden equivocarse (categóricamente).

Me ha tocado comandar equipos un par de veces en mi vida y en mi experiencia docente me ha ha correspondido estar a cargo. En cada ocasión en la que fue mi responsabilidad dar una instrucción, hice mi mejor esfuerzo por asegurarme de que mi equipo se sintiera identificado con las razones detrás de cada decisión tomada por considerar una falta de respeto a las competencias de quienes trabajaban conmigo el asumir que ”no entenderían”.

¿Existe mayor humillación que la impotencia ante la impuesta mediocridad profesional? Estoy segura de que hay cuadros mucho más indignantes, pero dependerán de la escala de valoración de cada uno. Para mí, la sensación es tan desagradable que pareciera que la amargura no desaparecería ni comiendo chocolates hasta explotar.

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La tristeza es de quien queda


Esta es la actualización de mi columna para el lunes 21 de abril de 2014. Por problemas técnicos, mi espacio en 24Horas no fue actualizado a tiempo. Les copio íntegramente el artículo.
La tristeza es de quien queda
En nuestro país, más de un millón de personas se trasladaron desde y hacia varios lugares en esta recién pasada Semana Santa y, como era de preverse, los accidentes, las intoxicaciones y las pérdidas humanas se fueron anotando en las libretas de tragedia. La última vez que revisé las anotaciones, sumaban 25 los muertos y se habían registrado cientos de heridos.
Dejamos atrás la Semana Santa de 2014 con amargura, insospechadamente más honda de lo tradicional. Estamos acostumbrados a que los accidentes cobran muchas vidas en estos días, pero no contábamos con que este año perderíamos a Gabriel García Márquez, José Luis “Cheo” Feliciano y a nuestra Sonia Silvestre.
A estos grandes artistas, a quienes debo todo mi respeto, les sobreviven familiares y fanáticos alrededor del mundo, pero sobre todo les inmortalizan sus obras literarias y las canciones que popularizaron.
Son muchos los invadidos por la tristeza y es normal. Siempre que se pierden seres queridos nos toca lidiar con emociones que quisiéramos evitar. Me conduelo con todos aquellos cuyas puertas ha tocado la tragedia. Lamento que estén sientiéndose tan mal, tristes, impotentes, decepcionados de la vida.
La muerte es lo único certero que tenemos. Desde que nacemos, de lo único que estamos seguros es que vamos a morir. Deberíamos vivir cada día preparados para partir de este mundo en cualquier momento, pues es el único evento que, tarde o temprano, sucederá; lo aceptemos o no.
En los años recientes, me he dado el lujo de pensar que estoy preparada para morir en cualquier instante, que no dejo problemas a nadie, que soy afortunada porque no me tortura la idea de que dejo grandes responsabilidades sin atender o deudas no aseguradas. Sin embargo, hay algo en lo que no había reparado: estoy lista para morir, pero no para perder a quienes quiero. No estoy preparada para perder a mis abuelas, mis padres, mi hermano, mis amigos, ni siquiera a mi amado Benjamín, un hermoso niño que no ha visto la luz del día, que sigue cómodo en la pancita de su extraordinaria madre.
Todavía hay días en que extraño a Lucía, una amiga a quien perdí en octubre de 2011 y que este 7 de mayo por venir se estaría acercando un año más a sus treinta. El día menos pensado recuerdo a Lucy diciéndome que tendríamos que ir a cualquier lugar el viernes, que cualquiera de nuestros amigos pasaría por ella y, por supuesto, también por su “sis”.
No sabría qué decir o pensar sobre el estado de los que han partido, si nos reencontraremos o no, si eso valdría la pena. Lo que sí sé es que ninguno de ellos es presa de la inflación, la delincuencia, el sistema esclavista disfrazado de sistema político-económico “más desarrollado”. Lo que sí sé es que ninguno de ellos se preocupa por el cáncer, la diabetes, la cirugía bariátrica para la que no tienen dinero. Lo que sí sé es que ninguno de ellos piensa en que el sueldito no les alcanza para pagar la hipoteca o en que ni casita podrían comprar en República Dominicana. Lo único que sé es que el problema es del vivo, como lo es la tristeza y la desolación, el esfuerzo, el dejar “el forro” cada día en el pluriempleo que les ha tocado asumir para sobrevivir. Lo único que sé es que la tristeza es de quien queda.
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Un llamado a que atienda su cartón en vez de llevar el nuestro


Como era de esperarse, no podía dejar de expresar mi opinión sobre el famoso discurso no planificado del presidente Danilo Medina en plena reunión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

El presidente Medina respondió a las acusaciones que hiciera Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y Las Granadinas, quien se sumó a una campaña internacional de ataques a la República Dominicana por la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, la que calificó de racista e inaceptable por afectar a varios países de la región.

“Esta decisión (del TC dominicano) es interpretada como una campaña fundada en el racismo. Sinceramente, el fallo del Tribunal Constitucional es inaceptable no importa de qué comunidad se trate, y contradice las normas internacionales”, sostuvo Gonsalvez, según varios medios de comunicación.
El Jefe de Estado dominicano se pronunció al respecto (les recomiendo ver los trece minutos de vídeo que aparecen en YouTube sobre el discurso de Medina en la CELAC) y varias porciones de su declaración han sido citadas por días, entre ellas: “Para nosotros es inaceptable que nos quieran acusar de racistas, de discriminación y de violación a los derechos humanos”.
La mayoría de nosotros sintió que presenciaba la típica escena en la que alguien insulta a la madre de una tercera persona y ésta la defiende hasta la última consecuencia, sin pensarlo mucho, de manera instantánea. Y así fue: le insultaron la patria que lo parió y el presidente Medina, con la altura que le caracteriza, le respondió al agresor claramente para que no quedara duda alguna de que lo puso en su puesto, de donde nuna debió salirse, por metiche y estar atendiendo cartones ajenos en un juego bingo del que no participaba.
El apoyo a estas palabras del presidente Medina se siguió manifestando en las redes sociales por el resto de la semana, desplazando el protagonismo en la palestra pública que había acaparado el tema del triunfo azul sobre rojo en la pelota inversal.

Es una jugada más que se anota el presidente Medina en la lista de razones por las que es tan altamente valorado por el pueblo dominicano.

¡A seguir avanzando y organizándonos internamente para superar nuestras metas de desarrollo nacional!
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Archivo 2014 de mi columna en 24Horas.com.do


¡Próspero 2014 para todos ustedes! Espero que se les sobreabunden las bendiciones y puedan alcanzar sus metas este año, esas que solemos guardar hasta el próximo. ¡Vamos a romper con eso ya!

A petición de muchos queridos lectores, les estoy recopilando las ediciones de mi columna en 24Horas.com.do por si se les pierde alguna. Si te acabas de enterar de este proyecto, para ti tengo este post en el que te presento todas las ediciones del espacio durante el año de su inicio: 2013. Archivo 2013 de mi columna en 24Horas.com.do

En este 2014, sígueme el rastro y coméntame tu opinión respecto a estos temas:

Lunes 6 de enero de 2014 – 2014: “Año de Superación del Analfabetismo” en República Dominicana

Lunes 13 de enero de 2014 – A cumplir con el deber para exigir dignamente

Lunes 20 de enero de 2014 – Hablando se entienden las naciones

Lunes  27 de enero de 2014 –Pobre Duarte, ¡que vergüenza!

Lunes  11 de febrero de 2014 – El fallo en el caso de Francina Hungría

Lunes  17 de febrero de 2014 –El lastimero caso de la UASD

Lunes  24 de febrero de 2014 –Hasta el próximo año, Mes de la Patria

Lunes  3 de marzo de 2014 –Rendición de cuentas del 27 de febrero

Lunes  10 de marzo de 2014 –Los absurdos de las modificaciones al Código de Trabajo y la fuga de talentos

Lunes  17 de marzo de 2014 –El 1% de la placa vs el aumento del peaje

Lunes  23 de marzo de 2014 –Consultas ciudadanas

Lunes  7 de abril de 2014 –Aprobación del Código Procesal Penal (CPP) 2014

Lunes  14 de abril de 2014 – Don Esmerito no se enteró de la sequía ni de los estragos del Aedes aegypti

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Archivo 2013 de mi columna en 24Horas.com.do


¡Saludos, mis queridos lectores!

Muchos de ustedes me siguen de cerca y están al tanto de mis actualizaciones. Para otros, será una sorpresa saber que llevo desde el último lunes de octubre publicando mi opinión como columnista invitada por la gerencia del periódico digital 24Horas.com.do.

Varios se me han acercado por distintos medios para comentarme que a veces no encuentran las actualizaciones de la columna, por lo que he decidido recopilar las ediciones en esta entrada, a fin de que puedan rastrearlas más fácilmente.

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Lunes 28 de octubre de 2013 – El daño está hecho, toca buscar soluciones

Lunes 4 de noviembre de 2013 – ¿Por qué la impaciencia?

Lunes 11 de noviembre de 2013 – Aprobación del Presupuesto Nacional de 2014

Lunes 18 de noviembre de 2013 – La semana del pataleo y una lacerada libertad de expresión

Diciembre se acerca y, como reza la sabiduría popular “República Dominicana vive de pan y circo”, las noticias de la semana pasada mostraron puro pataleo. Vamos a revisar sólo algunas para constatarlo.

Lunes 25 de noviembre de 2013 – La cobardía es el irrespeto a los grandes que nos abrieron las puertas

Lunes 2 de diciembre de 2013 – Black Friday 2013 y las compras por Internet

Lunes 9 de diciembre de 2013 – La visita de la CIDH

Lunes 16 de diciembre de 2013 – Presidencia pro témpore del SICA

Lunes 23 de diciembre de 2013 – Las fiestas navideñas y los excesos

Lunes 30 de diciembre de 2013 – Recibamos el 2014 con los ojos abiertos

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Cuando regrese a casa


Quiero regresar a casa, con mi amado Padre, con mi maestro Jesucristo.

Me encuentro en este afanoso viaje en tierras extranjeras, sin conocer el propósito exacto de estar aquí. Le oro a Dios cada día para que me revele su plan para conmigo o, mejor dicho, mi posición en ese plan perfecto. Mi mayor anhelo es cumplir con mi misión exitosamente y alcanzar la meta, cantar victoria y ganarme el regreso a casa.

Doy gracias a Dios por proporcionarme este cuerpo necesario para habitar en este plano físico y por darme la adaptabilidad necesaria para acostumbrarme a las limitaciones propias de esta vida material. Sin embargo, cada día que despierto sé que tengo grandes retos que cumplir y al acostarme en las noches me acuerdo de que no he vencido, que sigue la carrera y que evidentemente me falta (poco o mucho) por acariciar la victoria.

Mi victoria será regresar a casa, saber que he cumplido con mi misión y que descansaré en mi hogar. Cuando este cuerpo sea declarado clínicamente muerto por el cese de actividad cardiaca, pulmonar y cerebral, habrá llegado el momento en el que no lo necesite. Si no necesito este cuerpo físico, quiere decir que mi misión habrá sido cumplida y que me esperan en mi hogar.

No puedo imaginar mayor satisfacción que ésa, sinceramente. Nada en este mundo puede ser comparado con la paz de estar en casa, en tu patria, en el lugar al que perteneces, con quienes te aman, según las condiciones de tu naturaleza más pura.